Autoestima negativa en los niños

Cómo identificar a un niño con autoestima negativa

Cuando hablamos de niños con autoestima negativa no siempre hacemos referencia a niños retraídos o que verbalizan cosas feas de sí mismos. Con frecuencia esto se muestra más en forma de niños difíciles con una personalidad fuerte que encierra un autoconcepto debilitado (sin conciliación emocional personal).

El motivo por el que los padres de estos niños consultan a un/a psicólogo/a infantil es:  “Me preocupa cómo puede llegar a ser mi hijo/a de mayor”. Muchos padres consideran que su hijo/a no padece ningún trastorno, pero eso no los tranquiliza del todo, pues ven conductas infantiles que por ser exageradas les preocupan y no saben si desaparecerán solas o no.

En este sentido, es importante saber que es muy arriesgado dejar que el azar solucione los conflictos, por pequeños que sean: “El tiempo no todo lo cura”. Cuando algo le genera malestar al niño/a o a los que tiene alrededor, es necesario reflexionar sobre la importancia de lo que está pasando y no preocuparse, pero sí ocuparse. La futura personalidad del niño/a y la valoración que hace de ella, está en juego. Pero la buena noticia es que, tratándose de niños y niñas, todo es transformable cuando tenemos las herramientas necesarias y concedemos tiempo, empeño y cariño para ello.

Hablemos de Sira, de 10 años:

Sus padres están muy preocupados por su autoestima. En general es una niña juguetona y alegre, que a veces se muestra razonable y cariñosa. Pero están riñéndole continuamente porque en muchos momentos es cabezota y quiere hacer lo que le apetece sin pensar en las consecuencias. Todo lo suele liar: hace mal los deberes y en el último momento quiere corregirlos, miente, crea conflictos con sus iguales, a veces ha robado y tiene una actitud dominante hacia los demás.
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¿Por qué no puede Sira mantener una actitud conciliadora con la vida familiar por más rato?

¿Qué ocurre para que en casa se pase rápidamente de estar bien a que todo sean peleas, regañinas y reproches?

¿Cómo le influye esto en su autoestima?

El caso de Sira, con sus particularidades, no difiere del de muchos niños y niñas de hoy. Podría decirse que no termina de encontrarse bien en su día a día; se negativiza con cualquier cosa y cualquier cosa termina enfadándole. A ella le ocurre sobre todo en casa, con sus padres, los cuales ya sufren sólo anticipando su hostilidad. Pero a otros les pasa más en el cole, donde parecen ser los aguafiestas del resto y son especialistas en fastidiarla.

La clave está en la falta de estabilidad en la valoración de la imagen que tiene sobre su persona. Puede decir cosas valiosas de sí misma, sabe que es divertida, cariñosa y que sabe ser amable, pero en cuanto que algo desde afuera la pone en conflicto o ella considera que la van a cuestionar, sale en la defensa de su imagen ideal, no permitiéndose pensar y darse el tiempo para solucionarlo a su manera. Por lo tanto, rechaza lo negativo sin poder integrar nada de lo ocurrido y haciéndose cada vez más débil.

Su fuerte personalidad encierra un yo mucho más débil al que proteger y esconder hasta de sí misma. Es una pena, porque los conflictos van a seguir apareciendo: ponerse de acuerdo con las amigas para jugar, tener que organizar sus tareas, prestar cierta ayuda en casa, renunciar a ciertos deseos… Cualquier cosa se puede convertir en un cuestionamiento hacia ella y el malestar a veces ya ocurre sin más, sin nada a lo que poder asociarlo.

¡Cuánto malestar! ¡Cuánta energía personal invertida en huir de las cosas incómodas o de las que podemos salir malparados/as!

¿Qué pueden empezar a hacer los padres desde ya?

En primer lugar, comprender algo de lo que está pasando. Pensar en su historia, en su evolución y cuestionarse si pudiera haber una fragilidad interna enmascarada por una fortaleza ficticia, si necesita salirse con la suya aún perjudicándose con tal de no verse como una perdedora, fracasada, insignificante…

Quizás pudiera estar bien conectar con el cariño que nos une, y poder señalarle con moderación aspectos que le ayuden a conocerse mejor, tanto algunos aspectos positivos como negativos. Cuidando que lo que decimos no suponga un control a su persona, sino una reflexión o una preocupación personal.

No hay que olvidar el poder conectar también con nuestros sentimientos, antes de que estos sean tan intensos que nos lleven a actuar con indiscriminación. Pero sí dejar estar el malestar en nosotros para ver cuánto tiene que ver con los hijos, cuánto con nuestras expectativas o preocupaciones (yo no esperaba que mi hija/o…, qué pensarán mis padres/en el cole/los vecinos…) y cómo sacarlo de manera que el otro pueda recibirlo cómo una oportunidad, meta o desafío por el que vale la pena esforzarse aun no siendo fácil.

En fin, aceptar la situación, pero no conformarse, dedicándole el tiempo y el esfuerzo necesario para que pueda ir disminuyendo el malestar. Se trata de enriquecer el pensamiento y los afectos en los hijos, para aportarte la seguridad que necesitan para poder afrontar con más confianza los contratiempos de la vida, actuando con moderación y de una manera genuina.

fbeasevilla

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