Cómo hacer que el niño…

Es una de las preguntas más recurrentes en la crianza: cómo hacer que el niño… coma, duerma solo, deje el chupete, vaya al baño, obedezca… No hay una única respuesta a esta pregunta, pero sí hay un recurso muy potente: la motivación.

La motivación, es el impulso necesario para ponernos en acción para satisfacer una necesidad. Es una emoción que nos lleva a ponernos en marcha y mantener una actitud positiva en el tiempo. Es el motor de nuestros comportamientos.

Motivación intrínseca vs motivación extrínseca

Existen de dos tipos de motivaciones: la intrínseca (la que nace del propio individuo) y la extrínseca (basada en recompensas, castigos o presiones externas).

La motivación intrínseca es mucho más potente y es la que le da sentido a la vida, pero durante la crianza la complejizamos, para pasar del impulso infantil movido únicamente por el principio de placer (obtener el máximo placer con el mínimo esfuerzo lo más inmediatamente posible), a la motivación genuina adulta que pospone la satisfacción inmediata por una mayor realización personal.

Entonces, cómo hacer que el niño...

Para pasar de una a otra, los padres y educadores, pueden usar premios y castigos (motivaciones extrínsecas), lo que obliga a imponer cada vez más disciplina en detrimento del autocontrol, o bien generar vínculos de apego sólidos que ayuden a los niños a desarrollar su propio conocimiento (autoconcepto), aceptar la realidad, renunciar al egocentrismo, así como modificar los deseos infantiles inmediatos por otros más genuinos que también tengan en cuenta a los demás.

Ayudar a reflexionar sobre cómo mantener la satisfacción en el tiempo, a soportar la frustración que conlleva la espera, así como las dificultades en el camino, y el reconocimiento afectivo de los padres en lo cotidiano, son la ayuda que el/la niño/a necesita para complejizar y dar herramientas a su psiquismo, y pasar de la satisfacción inmediata a aquella más tardía pero que le va a influir decisivamente en su autoestima.

Educar es preparar para el futuro

Motivar a los hijos haciendo hincapié en lo bien que se van a encontrar consigo mismos cuando alcancen metas que ahora les parecen imposibles, en vez de reprocharle sus dificultades actuales, es esencial para avanzar en este aspecto y poder ir generando los recursos psicológicos necesarios para conseguir retos personales en lugar de evitar afrontarlos.

Por el contrario, el predomino de control en los adultos para provocar las acciones que ellos consideran más beneficiosas para sus hijos, impide a estos asumir las consecuencias de sus actos en la realidad, destruye la incipiente motivación intrínseca y disminuye la creatividad y la calidad del aprendizaje.

No te preguntes «cómo hacer que el niño…», busca el estímulo, encontrar el impulso interior para hacer aquello que no nos apetece en el momento, es una labor que requiere tiempo, conectar con las emociones, aceptarlas, darles un sentido y probar a hacer cosas, “Jugar es hacer” (Winnicott).

En ocasiones es necesario un acompañamiento que incentive con nuevas propuestas, ayude a mantener la ilusión cuando aparecen las dificultades, reconozca el esfuerzo, por pequeño que sea, y mantenga la esperanza en que los resultados llegarán.