Pero… ¿qué le pasa ahora? ¿por qué está así?

Conciliación emocional

Para los más pequeños esta situación es difícil de llevar.

Si algo tiene de bueno, es que la mayoría pasa más tiempo con sus madres y padres, pero no todos tienen las circunstancias ideales:
muchos siguen saliendo a trabajar, otros trabajan en casa las mismas horas de siempre, a veces tienen más de un hijo/a, hay que atender las tareas domésticas y además afrontar sus propias preocupaciones.

Esto se traduce en más explosiones de afecto, y en agotadores enfrentamientos familiares.

¿Qué podemos hacer entonces?

La gestión del tiempo familiar compartido es fundamental. Les mandamos continuamente mensajes verbales y sobre todo no verbales, con los que le condicionamos en su modo de pensar o, peor aún, le inducimos a no pensar. Debemos de alternar tiempo de ocio, de disfrute y exploración, con otro de más adaptación a rutinas familiares. Las rutinas nunca son recibidas de buena gana por los niños, por eso poner límites también es ayudarles a hacerles más llevaderas las normas. Todo vale para ayudar a cumplirlas: incluir juegos, pequeños retos, ser flexibles siempre que la situación lo requiera, reconocer los pequeños avances y tener en cuenta el estado emocional de cada miembro de la familia (hijos y, por supuesto, padres también).

Esforzarse por mantener la calma en momentos difíciles, es algo valiosísimo. Decirle que no a un niño con firmeza, pero también proponerle alternativas, escucha, juego… en fin, ofrecerle contención, es un tesoro para el niño para el resto de su vida, que lo positiva, ayuda a canalizar la angustia y moderar sus conductas. Conocer a nuestro hijo y anticipar los desbordes antes de que el niño estalle, saber cómo ayudarles a equilibrarse si ya han estallado, les ayuda a ellos a entenderse y tener un mejor concepto de ellos mismos. Estar más presentes e implicados temporalmente, de manera que los hijos vayan entendiendo qué les ocurre y cómo frenarlo, se hace imprescindible en estos tiempos.

Es importante tener en cuenta que los pequeños (y algunos no tan pequeños) carecen de recursos para gestionar sus emociones y cualquier cosa los puede angustiar sin ni siquiera saber qué les ocurre. Fomentar el conocimiento de ellos mismos y del mundo que los rodea y ayudarlos a mantener la calma, es un camino largo que requiere mucho entrenamiento.

Eso sí, el esfuerzo merece la pena. Ahora es el momento de sembrar para luego recoger frutos.

fbeasevilla

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