Secuelas del desconfinamiento

Desconfinamiento, secuelas y conductas

El fin del confinamiento, era muy esperado por gran parte de la población. Cuando comenzaron las salidas de los niños, las familias se lanzaron a la calle para poder disfrutar al fin de salidas al aire libre. Los deportistas también aprovecharon la desescalada y pudieron empezar a ponerse en forma fuera de casa. Sin embargo, también hay secuelas por el desconfinamiento, han sido muchas las personas que han preferido no hacerlo: el miedo ha hecho que opten por evitar la calle y limiten las salidas a lo imprescindible y, en algunos casos graves, ni siquiera a eso.

Pero no, la alegría y el miedo intenso no son los únicos comportamientos que encontramos, también podríamos enumerar otra secuela del confinamiento, no tan evidente: sorprendentemente algunas personas también muestran pereza o desagrado por no poder volver a salir en las mismas condiciones en las que lo hacíamos antes. Los protocolos y las medidas preventivas al contagio hacen que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, hayan optado por quedarse en casa con tal de no ver mermada su imagen con mascarilla, para evitar verse expuestos a la vigilancia de otros, o por no poder tocar o abrazar a los iguales, prefiriendo las relaciones online a las presenciales.

En los mayores encontramos otra consecuencia sorprendente en esta situación de desconfinamiento: se han sentido un poco culpabilizados por la sociedad por todo lo que se ha estado remarcando su vulnerabilidad.

¿De qué depende que llevemos mejor el desconfinamiento y la adaptación a la nueva normalidad?

Principalmente de los recursos psicológicos que poseemos. También de la calidad de los vínculos afectivos, pero éstos dependen en gran medida de los primeros.

A grandes rasgos nos encontramos con dos tipos de respuesta en la sociedad. Por una parte tenemos personas con una gran capacidad de adaptación, de superación y de aprendizaje de las experiencias, capaces de para salir reforzados de situaciones adversas. En el otro lado, personas narcisistas, rígidas, obstinadas, que no pueden soportar que les pasen cosas que ellos no han elegido y, por consiguiente, con muy poca capacidad de soportar la frustración. Esto tiene que ver con el individualismo, y dificulta cualquier proceso de adaptación a nuevas circunstancias. Por lo tanto, cualquier situación que implique un amoldamiento por su parte se puede volver un desencadenante o factor estresor con efectos traumáticos.

Por lo tanto, la educación es fundamental para desarrollar herramientas psíquicas que favorezcan la salud mental. Valores como la solidaridad frente al individualismo y la plasticidad psíquica frente a la rigidez mental, son el camino para no enfermar en las condiciones adversas sino salir reforzados de ellas.

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